3. Propiedades de las raíces
Raíz de un producto
Raíz de un cociente
Raíz de una potencia
Raíz de una raíz
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Preguntas Historia 4º 21/11/12
1ª ¿Qué necesita la población del XVIII al aumentar su número de población?
2ª ¿Qué tiene que hacer los agricultores para conseguir más alimentos?
3ª Factores que hicieron crecer la producción agrícola.
4ª ¿Qué cambios se van a producir en la artesanía y el comercio ante el aumento de población en el siglo XVII?
5ª Nombres de personajes de la Ilustración e ideas que desarrollaron.
2ª ¿Qué tiene que hacer los agricultores para conseguir más alimentos?
3ª Factores que hicieron crecer la producción agrícola.
4ª ¿Qué cambios se van a producir en la artesanía y el comercio ante el aumento de población en el siglo XVII?
5ª Nombres de personajes de la Ilustración e ideas que desarrollaron.
martes, 20 de noviembre de 2012
Enlace de la 3ª campaña Miguelañez en colaboración con la Fundación Pablo Ugarte para la investigación sobre cáncer infantil. Por cada visualización del anuncio, Miguelañez dona una cantidad para este proyecto. Por tanto sería estupendo si lo pasáis a todos los contactos y lo veis muchas veces. http://www.sonrisasdulces.com/ Reenviadlo, por favor.
Problema tasas para 21 noviembre 3ºdiv.
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CASO 10
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CASO 11
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CASO 12
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POBLACIÓN
TOTAL
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20.000
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2.000
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40
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NACIMIENTOS
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120
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60
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4
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MUERTES
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140
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40
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2
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EMIGRANTES
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200
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40
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8
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INMIGRANTES
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300
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20
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6
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MUERTES DE
MENORES DE 1 AÑO
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40
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3
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0
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Tasa
Natalidad
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6‰
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30‰
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100‰
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Tasa
Mortalidad
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7‰
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20%
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50‰
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Tasa de
Crecimiento Vegetativo o Natural
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-1‰
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10‰
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50‰
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Tasa de
Crecimiento Real
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4‰
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0‰
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0‰
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Tasa de
mortalidad infantil
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333‰
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50‰
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0‰
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Observaciones
al comparar los tres casos
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Natalidad:
Altísima tasa el caso 12 y mínima el 10
Mortalidad:
Alta tasa el 12 y baja el 10.
Crecimiento
natural: Caso 10 tiene crecimiento negativo, y alto crecimiento el 12
Crecimiento
real: Positiva la tasa del 10, y crecimiento 0 en 11 y 12.
Mortalidad
Infantil: Elevadísima tasa del caso 10, elevada el 11 y ausencia en el 12.
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Observaciones
al analizar los distintos casos
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La
población se reducirá en 1 por mil cada año ( nacimientos menos muertes)si
no entran personas de fuera (inmigrantes). En este caso la
población aumenta.
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De forma
natural la población crecería. Pero si contamos con los movimientos
migratorios la población se mantendría estable.
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Una alta
tasa de mortalidad, y aún mayor de natalidad que la dobla.
De forma natural la población crece, pero se queda estabilizada con el
cálculo de salida y entrada de personas.
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lunes, 19 de noviembre de 2012
2018, primer año en el que las muertes en España superarán a los nacimientos
Madrid, 19 nov (EFE).- La tendencia demográfica española hará que dentro de cuarenta años haya desaparecido la décima parte de la población, una situación que comenzará a notarse en 2018, año en el que ya habrá más defunciones que nacimientos.
Así, en 2022 España contará con 45 millones de habitantes, un 2,5 % menos que este año, cifra que en 2052 se situará en 41,5 millones, un 10,2 % menos que en la actualidad (46,2 millones), al tiempo que el 37 % de la población tendrá más de 64 años.
Según los cálculos del INE, España perderá más un millón de habitantes por década según los datos de las últimas Proyecciones de Población.
Respecto a la evolución de nacimientos y defunciones, el INE estima que en 2021 nacerán 375.159 niños, un 20 % menos que en 2011 y que hasta 2031 lo harán 7,7 millones de niños, un 9 % menos que en los últimos veinte años.
El descenso de nacimientos será consecuencia de la evolución de la pirámide poblacional y, por lo tanto, de la progresiva reducción de mujeres en edad fértil.
El número de nacidos no volverá a crecer hasta 2030, una vez superado el efecto de la crisis de natalidad de los años 80 y primeros 90 sobre la pirámide poblacional femenina, para volver a decrecer a partir de 2040.
En cualquier caso, en los próximos cuarenta años nacerán en España 14,6 millones de niños, un 24 % menos que en los anteriores cuarenta años y el INE advierte de que esta evolución de la natalidad se producirá aunque la fecundidad mantenga la tendencia "ligeramente favorable" de la última década.
Así, dentro de veinte años, el número de hijos por mujer será de 1,51 y de 1,56 en cuarenta, frente a los 1,36 de 2011, mientras que la edad media de maternidad continuará ascendiendo hasta situarse en 31,5 años en 2051.
También seguirá aumentando la esperanza de vida, que en 2051 se situará en 86,9 años para los hombres y en 90,7 años para las mujeres, es decir casi ocho y seis años, respectivamente, más que ahora.
Estas cifras reducen en dos años la diferencia entre la esperanza de vida femenina y la masculina respecto a la actual.
El incremento de la esperanza de vida dará lugar a una población más envejecida y a un aumento de defunciones de modo que en los próximos cuarenta años morirán en España 17,9 millones de personas, un 34 % más que en los últimos cuarenta.
Con estos datos, el INE calcula que la diferencia entre nacimientos y defunciones será negativa desde 2018.
También el saldo migratorio volverá a ser negativo este año en 181.479 personas, frente a las 50.090 de 2011, consecuencia de la caída del 17,7 % en la llegada de inmigrantes (376.696) y el aumento del 9,9 % de quienes saldrán de España (558.175).
En este caso, el INE calcula que el flujo inmigratorio crecerá en los próximos años y que en la próxima década España recibirá 3,9 millones de inmigrantes y en cuarenta años 16,7 millones.
La mayor parte de los inmigrantes procederán de la Unión Europea (4,9 millones) y Sudamérica y África se mantendrán como los otros dos grandes puntos de origen (con 3,8 y 3,5 millones, respectivamente), mientras que los procedentes de África aumentarán en los próximos años.
Además, el INE subraya que la actual tendencia a emigrar al extranjero se prolongará y hará que en los próximos diez años 5,2 millones de personas abandonen España y 18,1 millones lo hagan en los próximos cuarenta.
Estas cifras harán que en las próximas cuatro décadas la población española pierda 1,4 millones de personas.
Las proyecciones elaboradas por el INE muestran el continuo envejecimiento de la población de modo que en 2052 los mayores de 64 años se incrementarán en 7,2 millones de personas y representarán el 37 % de la población, al tiempo que se perderán 9,9 millones de personas entre 16 y 64 años, y casi dos millones de las de 0 a 15 años.
Uno de los problemas del envejecimiento de la población será el aumento de la tasa de dependencia que en 2022, es decir dentro de tan sólo diez años, será del 58 %, lo que implicará que por cada diez personas en edad de trabajar habrá seis inactivas.
Según estos datos, dentro de cuarenta años la tasa de dependencia será del 99 %, lo que quiere decir que por cada persona en edad de trabajar habrá otra inactiva.
Por comunidades autónomas, el INE calcula que todas perderán población en la próxima década, excepto las Islas Baleares, Canarias, Murcia y Andalucía y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
Respecto al saldo migratorio con el extranjero, será negativo al final de la próxima década en casi todas las regiones, especialmente en Cataluña (472.549), Madrid (381.632) y Comunidad Valenciana (140.171).
domingo, 18 de noviembre de 2012
miércoles, 14 de noviembre de 2012
domingo, 11 de noviembre de 2012
TEMA CLIMAS
Clima: Elementos y factores:
El clima está configurado por cuatro
elementos principales:
· Temperatura
· Precipitaciones,
· Presión
atmosférica
· Vientos.
Estos elementos varían de unos lugares a otros condicionados
por distintos factores, como son la latitud, la altitud y la distancia al mar.
Temperatura
Cantidad de calor que tiene el aire de la atmósfera.
Según la temperatura, nuestro planeta se divide en:
· Una
zona cálida entre los dos trópicos. En ella, los rayos solares inciden total o
prácticamente perpendiculares durante todo el año. Por ello, las temperaturas
son elevadas y hay muy pocas diferencias de temperatura entre unas estaciones y
otras.
· Dos
zonas templadas, situadas entre los trópicos y los círculos polares. En estas
zonas, los rayos solares inciden de forma más inclinada que en la zona cálida.
Por ello, las temperaturas son más moderadas y se nota más la variación de las
estaciones.
· Dos
zonas frías dentro de los círculos polares. En estas zonas, los rayos solares
inciden de manera muy oblicua durante todo el año. Por ello, las temperaturas
son siempre frías.
Precipitaciones
Cantidad de agua caída sobre la superficie terrestre en
forma de lluvia, nieve, granizo, etc.
Procede de la condensación de vapor que
contiene el aire.
Las precipitaciones son más abundantes en el ecuador y
descienden hacia los polos, pero también aumentan con la altitud y con la
proximidad a mares y océanos.
Factores que les influyen:
· A)
Por la evaporación del suelo.- El calor del sol calienta la tierra
húmeda y evapora el agua que contiene, formando nubes que traerán
lluvias. Esta evaporación es muy frecuente en el norte de España, donde hay
mucha humedad en el suelo, y también puede formar niebla.
· B)
Por el relieve.- Cuando el aire húmedo que proviene
del mar llega a una montaña o a una zona de alto relieve, el aire húmedo se ve
obligado a ascender. Cuanto más arriba sube el aire, más se enfría. El vapor de
agua, frío, se condensa en nubes y llueve . Por ello las zonas de montaña
suelen ser más lluviosas.
· C.
Por el contacto de masas de aire a distintas temperaturas.- Cuando una gran masa de aire
caliente y húmedo se encuentra con una masa de aire frío, el aire
caliente asciende por encima del frío. Al subir, se enfría, se condensa, forma
nubes y llueve.
.
Viento
Es aire en movimiento.
Se origina por las diferencias de presión atmosférica entre
unos lugares y otros. El aire se desplaza de las zonas de alta presión a las de
baja presión.
Tipos de viento:
· Hay
vientos constantes, que soplan permanentemente en la misma dirección, como los
alisios, que se dirigen siempre desde los trópicos hacia el ecuador.
· Otros
cambian su dirección según las estaciones, como los monzones, que en verano
soplan desde el océano Índico hacia el continente asiático y traen lluvias
abundantes, y en invierno lo hacen desde el continente hacia el mar con un
tiempo estable y seco.
· También
existen vientos locales o regionales, que siempre soplan en la misma dirección
y reciben un nombre propio.
· Por
último, los vientos orográficos son fuertes y secos, porque el ascenso del aire
por las laderas montañosas les hace perder su humedad.
Factores del clima
Los factores del clima son los mecanismos que actúan sobre
los elementos y provocan sus variaciones. Pueden ser de tres tipos:
· Astronómicos,
que se deben a los movimientos de la
Tierra y a la inclinación de su eje. Son los que provocan los
cambios según las estaciones y la duración de los días y las noches.
· Meteorológicos,
que están en relación con los movimientos que se producen en la atmósfera: la
circulación de las masas de aire y el paso de frentes.
· Geográficos,
que son los responsables de las variedades climáticas regionales. Son los
condicionantes más numerosos. Destacan la latitud, la altitud y forma del
relieve, la distribución de continentes y océanos, las corrientes marinas, la
frondosidad de las cubiertas vegetales, el grado de urbanización de un lugar,
etc.
Latitud.-Mide la distancia de un punto de
viernes, 9 de noviembre de 2012
Autorización
Sr,Sra________________________________________________con DNI_____
Padre/Madre del alumno_________________________________del grupo_____
Autoriza la participación de su hijo en la excursión que se realizará el 7 de Noviembre de 2012
al Museo del Prado con un coste adicional de 2€.
Firmado:________________
LA GALLINA CIEGA
LA GALLINA CIEGA: 1789 es uno de los cartones que servían como modelo para las manufacturas de la fábrica de tapices de Francisco de Goya y estaba destinado a la decoración del dormitorio de las infantas del Palacio el Prado y fue realizado poco después de que accediera al trono de España el rey Carlos IV. Se trata de la cuarta serie de cartones que Goya realizó entre 1788 y 1792. De este cartón se conserva un boceto previo en el Museo del Prado.
El cuadro muestra muchachos y muchachas jugando al popular pasatiempo de “la gallina ciega”.
Los jóvenes están vestidos de majos y majas, atuendo de las capas humildes de la sociedad española con que los aristócratas (como los de este cuadro) gustaron de vestir. Algunos otros, con casacas de terciopelo y tocados de plumas, siguen en cambio los dictados de la moda de las clases altas venida de Francia.
El cuadro es un exponente decantado del estilo galante, y sus rasgos de estilo característicos: vivacidad, curiosidad, cromatismo de suaves rosas, texturas de gasa en las faldas de las mujeres, un paisaje de fondo luminoso y el reflejo de un momento encantador de disfrute de la vida no exento de posibilidades de flirteo.
jueves, 8 de noviembre de 2012
noticiaaa valentina
Noticia del 8 / 11 / 2012
Obama hizo historia con una victoria justa pero suficiente ante el republicano Mitt Romney, y una inesperada mayoría reforzada en el Senado, pero su Partido Demócrata vio también como los republicanos renovaban la suya en la Cámara de Representantes.
En su discurso de victoria, Obama lanzó un mensaje de esperanza a los estadounidenses, a los que dijo que “lo mejor está aún por venir”, y aseguró que se siente más “inspirado” que nunca, y resuelto a lidiar con los problemas pendientes.
< >
Barack Obama será presidente de EEUU cuatro años más tras gamar las eleccioones a Mitt Romney por un margen mayoral esperado . el voto latino y joven destacaron la balanza a su favor ,ganando tambien en todos los estado clave .
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Carta para los padres, Mihailtupac
Estimados padres, les comunicamos que nos gustaría hacer una salida con los alumnos de 4º de la ESO.
Les queriamos informar de la salida que sería el día_______ horas:_______. En principio no hay que pagar nada, solamente el transporte que serían unos 2,60€.
Un saludo de parte del profesorado.
martes, 6 de noviembre de 2012
lunes, 5 de noviembre de 2012
domingo, 4 de noviembre de 2012
El gato negro Edgar Allan Poe
Me casé joven y tuve la alegría de que mi esposa compartiera mis preferencias. Al observar mi gusto por los animales domésticos, no perdía oportunidad de procurarme los más agradables de entre ellos. Teníamos pájaros, peces de colores, un hermoso perro, conejos, un monito y un gato.Este último era un animal de notable tamaño y hermosura, completamente negro y de una sagacidad asombrosa. Al referirse a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era no poco supersticiosa, aludía con frecuencia a la antigua creencia popular de que todos los gatos negros son brujas metamorfoseadas. No quiero decir que lo creyera seriamente, y sólo menciono la cosa porque acabo de recordarla.Plutón -tal era el nombre del gato- se había convertido en mi favorito y mi camarada. Sólo yo le daba de comer y él me seguía por todas partes en casa. Me costaba mucho impedir que anduviera tras de mí en la calle.Nuestra amistad duró así varios años, en el curso de los cuales (enrojezco al confesarlo) mi temperamento y mi carácter se alteraron radicalmente por culpa del demonio. Intemperancia. Día a día me fui volviendo más melancólico, irritable e indiferente hacia los sentimientos ajenos. Llegué, incluso, a hablar descomedidamente a mi mujer y terminé por infligirle violencias personales. Mis favoritos, claro está, sintieron igualmente el cambio de mi carácter. No sólo los descuidaba, sino que llegué a hacerles daño. Hacia Plutón, sin embargo, conservé suficiente consideración como para abstenerme de maltratarlo, cosa que hacía con los conejos, el mono y hasta el perro cuando, por casualidad o movidos por el afecto, se cruzaban en mi camino. Mi enfermedad, empero, se agravaba -pues, ¿qué enfermedad es comparable al alcohol?-, y finalmente el mismo Plutón, que ya estaba viejo y, por tanto, algo enojadizo, empezó a sufrir las consecuencias de mi mal humor.Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo alcé en brazos, pero, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la mano. Al punto se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi cuerpo; una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Sacando del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras sujetaba al pobre animal por el pescuezo y, deliberadamente, le hice saltar un ojo. Enrojezco, me abraso, tiemblo mientras escribo tan condenable atrocidad.Cuando la razón retornó con la mañana, cuando hube disipado en el sueño los vapores de la orgía nocturna, sentí que el horror se mezclaba con el remordimiento ante el crimen cometido; pero mi sentimiento era débil y ambiguo, no alcanzaba a interesar al alma. Una vez más me hundí en los excesos y muy pronto ahogué en vino los recuerdos de lo sucedido.El gato, entretanto, mejoraba poco a poco. Cierto que la órbita donde faltaba el ojo presentaba un horrible aspecto, pero el animal no parecía sufrir ya. Se paseaba, como de costumbre, por la casa, aunque, como es de imaginar, huía aterrorizado al verme. Me quedaba aún bastante de mi antigua manera de ser para sentirme agraviado por la evidente antipatía de un animal que alguna vez me había querido tanto. Pero ese sentimiento no tardó en ceder paso a la irritación. Y entonces, para mi caída final e irrevocable, se presentó el espíritu de la perversidad. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en momentos en que cometía una acción tonta o malvada por la simple razón de que no debía cometerla? ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que enfrenta descaradamente al buen sentido, una tendencia a transgredir lo que constituye la Ley por el solo hecho de serlo? Este espíritu de perversidad se presentó, como he dicho, en mi caída final. Y el insondable anhelo que tenía mi alma de vejarse a sí misma, de violentar su propia naturaleza, de hacer mal por el mal mismo, me incitó a continuar y, finalmente, a consumar el suplicio que había infligido a la inocente bestia. Una mañana, obrando a sangre fría, le pasé un lazo por el pescuezo y lo ahorqué en la rama de un árbol; lo ahorqué mientras las lágrimas manaban de mis ojos y el más amargo remordimiento me apretaba el corazón; lo ahorqué porque recordaba que me había querido y porque estaba seguro de que no me había dado motivo para matarlo; lo ahorqué porque sabía que, al hacerlo, cometía un pecado, un pecado mortal que comprometería mi alma hasta llevarla -si ello fuera posible- más allá del alcance de la infinita misericordia del Dios más misericordioso y más terrible.La noche de aquel mismo día en que cometí tan cruel acción me despertaron gritos de: "¡Incendio!" Las cortinas de mi cama eran una llama viva y toda la casa estaba ardiendo. Con gran dificultad pudimos escapar de la conflagración mi mujer, un sirviente y yo. Todo quedó destruido. Mis bienes terrenales se perdieron y desde ese momento tuve que resignarme a la desesperanza.No incurriré en la debilidad de establecer una relación de causa y efecto entre el desastre y mi criminal acción. Pero estoy detallando una cadena de hechos y no quiero dejar ningún eslabón incompleto. Al día siguiente del incendio acudí a visitar las ruinas. Salvo una, las paredes se habían desplomado. La que quedaba en pie era un tabique divisorio de poco espesor, situado en el centro de la casa, y contra el cual se apoyaba antes la cabecera de mi lecho. El enlucido había quedado a salvo de la acción del fuego, cosa que atribuí a su reciente aplicación. Una densa muchedumbre habíase reunido frente a la pared y varias personas parecían examinar parte de la misma con gran atención y detalle. Las palabras "¡extraño!, ¡curioso!" y otras similares excitaron mi curiosidad. Al aproximarme vi que en la blanca superficie, grabada como un bajorrelieve, aparecía la imagen de un gigantesco gato. El contorno tenía una nitidez verdaderamente maravillosa. Había una soga alrededor del pescuezo del animal.Al descubrir esta aparición -ya que no podía considerarla otra cosa- me sentí dominado por el asombro y el terror. Pero la reflexión vino luego en mi ayuda. Recordé que había ahorcado al gato en un jardín contiguo a la casa. Al producirse la alarma del incendio, la multitud había invadido inmediatamente el jardín: alguien debió de cortar la soga y tirar al gato en mi habitación por la ventana abierta. Sin duda, habían tratado de despertarme en esa forma. Probablemente la caída de las paredes comprimió a la víctima de mi crueldad contra el enlucido recién aplicado, cuya cal, junto con la acción de las llamas y el amoniaco del cadáver, produjo la imagen que acababa de ver.Si bien en esta forma quedó satisfecha mi razón, ya que no mi conciencia, sobre el extraño episodio, lo ocurrido impresionó profundamente mi imaginación. Durante muchos meses no pude librarme del fantasma del gato, y en todo ese tiempo dominó mi espíritu un sentimiento informe que se parecía, sin serlo, al remordimiento. Llegué al punto de lamentar la pérdida del animal y buscar, en los viles antros que habitualmente frecuentaba, algún otro de la misma especie y apariencia que pudiera ocupar su lugar.Una noche en que, borracho a medias, me hallaba en una taberna más que infame, reclamó mi atención algo negro posado sobre uno de los enormes toneles de ginebra que constituían el principal moblaje del lugar. Durante algunos minutos había estado mirando dicho tonel y me sorprendió no haber advertido antes la presencia de la mancha negra en lo alto. Me aproximé y la toqué con la mano. Era un gato negro muy grande, tan grande como Plutón y absolutamente igual a éste, salvo un detalle. Plutón no tenía el menor pelo blanco en el cuerpo, mientras este gato mostraba una vasta aunque indefinida mancha blanca que le cubría casi todo el pecho.Al sentirse acariciado se enderezó prontamente, ronroneando con fuerza, se frotó contra mi mano y pareció encantado de mis atenciones. Acababa, pues, de encontrar el animal que precisamente andaba buscando. De inmediato, propuse su compra al tabernero, pero me contestó que el animal no era suyo y que jamás lo había visto antes ni sabía nada de él.Continué acariciando al gato y, cuando me disponía a volver a casa, el animal pareció dispuesto a acompañarme. Le permití que lo hiciera, deteniéndome una y otra vez para inclinarme y acariciarlo. Cuando estuvo en casa, se acostumbró a ella de inmediato y se convirtió en el gran favorito de mi mujer.Por mi parte, pronto sentí nacer en mí una antipatía hacia aquel animal. Era exactamente lo contrario de lo que había anticipado, pero -sin que pueda decir cómo ni por qué- su marcado cariño por mí me disgustaba y me fatigaba. Gradualmente, el sentimiento de disgusto y fatiga creció hasta alcanzar la amargura del odio. Evitaba encontrarme con el animal; un resto de vergüenza y el recuerdo de mi crueldad de antaño me vedaban maltratarlo. Durante algunas semanas me abstuve de pegarle o de hacerlo víctima de cualquier violencia; pero gradualmente -muy gradualmente- llegué a mirarlo con inexpresable odio y a huir en silencio de su detestable presencia, como si fuera una emanación de la peste.Lo que, sin duda, contribuyó a aumentar mi odio fue descubrir, a la mañana siguiente de haberlo traído a casa, que aquel gato, igual que Plutón, era tuerto. Esta circunstancia fue precisamente la que lo hizo más grato a mi mujer, quien, como ya dije, poseía en alto grado esos sentimientos humanitarios que alguna vez habían sido mi rasgo distintivo y la fuente de mis placeres más simples y más puros.El cariño del gato por mí parecía aumentar en el mismo grado que mi aversión. Seguía mis pasos con una pertinencia que me costaría hacer entender al lector. Dondequiera que me sentara venía a ovillarse bajo mi silla o saltaba a mis rodillas, prodigándome sus odiosas caricias. Si echaba a caminar, se metía entre mis pies, amenazando con hacerme caer, o bien clavaba sus largas y afiladas uñas en mis ropas, para poder trepar hasta mi pecho. En esos momentos, aunque ansiaba aniquilarlo de un solo golpe, me sentía paralizado por el recuerdo de mi primer crimen, pero sobre todo -quiero confesarlo ahora mismo- por un espantoso temor al animal.Aquel temor no era precisamente miedo de un mal físico y, sin embargo, me sería imposible definirlo de otra manera. Me siento casi avergonzado de reconocer, sí, aún en esta celda de criminales me siento casi avergonzado de reconocer que el terror, el espanto que aquel animal me inspiraba, era intensificado por una de las más insensatas quimeras que sería dado concebir. Más de una vez mi mujer me había llamado la atención sobre la forma de la mancha blanca de la cual ya he hablado, y que constituía la única diferencia entre el extraño animal y el que yo había matado. El lector recordará que esta mancha, aunque grande, me había parecido al principio de forma indefinida; pero gradualmente, de manera tan imperceptible que mi razón luchó durante largo tiempo por rechazarla como fantástica, la mancha fue asumiendo un contorno de rigurosa precisión. Representaba ahora algo que me estremezco al nombrar, y por ello odiaba, temía y hubiera querido librarme del monstruo si hubiese sido capaz de atreverme; representaba, digo, la imagen de una cosa atroz, siniestra..., ¡la imagen del patíbulo! ¡Oh lúgubre y terrible máquina del horror y del crimen, de la agonía y de la muerte!Me sentí entonces más miserable que todas las miserias humanas. ¡Pensar que una bestia, cuyo semejante había yo destruido desdeñosamente, una bestia era capaz de producir tan insoportable angustia en un hombre creado a imagen y semejanza de Dios! ¡Ay, ni de día ni de noche pude ya gozar de la bendición del reposo! De día, aquella criatura no me dejaba un instante solo; de noche, despertaba hora a hora de los más horrorosos sueños, para sentir el ardiente aliento de la cosa en mi rostro y su terrible peso -pesadilla encarnada de la que no me era posible desprenderme- apoyado eternamente sobre mi corazón.Bajo el agobio de tormentos semejantes, sucumbió en mí lo poco que me quedaba de bueno. Sólo los malos pensamientos disfrutaban ya de mi intimidad; los más tenebrosos, los más perversos pensamientos. La melancolía habitual de mi humor creció hasta convertirse en aborrecimiento de todo lo que me rodeaba y de la entera humanidad; y mi pobre mujer, que de nada se quejaba, llegó a ser la habitual y paciente víctima de los repentinos y frecuentes arrebatos de ciega cólera a que me abandonaba.Cierto día, para cumplir una tarea doméstica, me acompañó al sótano de la vieja casa donde nuestra pobreza nos obligaba a vivir. El gato me siguió mientras bajaba la empinada escalera y estuvo a punto de tirarme cabeza abajo, lo cual me exasperó hasta la locura. Alzando un hacha y olvidando en mi rabia los pueriles temores que hasta entonces habían detenido mi mano, descargué un golpe que hubiera matado instantáneamente al animal de haberlo alcanzado. Pero la mano de mi mujer detuvo su trayectoria. Entonces, llevado por su intervención a una rabia más que demoníaca, me zafé de su abrazo y le hundí el hacha en la cabeza. Sin un solo quejido, cayó muerta a mis pies.Cumplido este espantoso asesinato, me entregué al punto y con toda sangre fría a la tarea de ocultar el cadáver. Sabía que era imposible sacarlo de casa, tanto de día como de noche, sin correr el riesgo de que algún vecino me observara. Diversos proyectos cruzaron mi mente. Por un momento pensé en descuartizar el cuerpo y quemar los pedazos. Luego se me ocurrió cavar una tumba en el piso del sótano. Pensé también si no convenía arrojar el cuerpo al pozo del patio o meterlo en un cajón, como si se tratara de una mercadería común, y llamar a un mozo de cordel para que lo retirara de casa. Pero, al fin, di con lo que me pareció el mejor expediente y decidí emparedar el cadáver en el sótano, tal como se dice que los monjes de la Edad Media emparedaban a sus víctimas.El sótano se adaptaba bien a este propósito. Sus muros eran de material poco resistente y estaban recién revocados con un mortero ordinario, que la humedad de la atmósfera no había dejado endurecer. Además, en una de las paredes se veía la saliencia de una falsa chimenea, la cual había sido rellenada y tratada de manera semejante al resto del sótano. Sin lugar a dudas, sería muy fácil sacar los ladrillos en esa parte, introducir el cadáver y tapar el agujero como antes, de manera que ninguna mirada pudiese descubrir algo sospechoso.No me equivocaba en mis cálculos. Fácilmente saqué los ladrillos con ayuda de una palanca y, luego de colocar cuidadosamente el cuerpo contra la pared interna, lo mantuve en esa posición mientras aplicaba de nuevo la mampostería en su forma original. Después de procurarme argamasa, arena y cerda, preparé un enlucido que no se distinguía del anterior y revoqué cuidadosamente el nuevo enladrillado. Concluida la tarea, me sentí seguro de que todo estaba bien. La pared no mostraba la menor señal de haber sido tocada. Había barrido hasta el menor fragmento de material suelto. Miré en torno, triunfante, y me dije: "Aquí, por lo menos, no he trabajado en vano".Mi paso siguiente consistió en buscar a la bestia causante de tanta desgracia, pues al final me había decidido a matarla. Si en aquel momento el gato hubiera surgido ante mí, su destino habría quedado sellado, pero, por lo visto, el astuto animal, alarmado por la violencia de mi primer acceso de cólera, se cuidaba de aparecer mientras no cambiara mi humor. Imposible describir o imaginar el profundo, el maravilloso alivio que la ausencia de la detestada criatura trajo a mi pecho. No se presentó aquella noche, y así, por primera vez desde su llegada a la casa, pude dormir profunda y tranquilamente; sí, pude dormir, aun con el peso del crimen sobre mi alma.Pasaron el segundo y el tercer día y mi atormentador no volvía. Una vez más respiré como un hombre libre. ¡Aterrado, el monstruo había huido de casa para siempre! ¡Ya no volvería a contemplarlo! Gozaba de una suprema felicidad, y la culpa de mi negra acción me preocupaba muy poco. Se practicaron algunas averiguaciones, a las que no me costó mucho responder. Incluso hubo una perquisición en la casa; pero, naturalmente, no se descubrió nada. Mi tranquilidad futura me parecía asegurada.Al cuarto día del asesinato, un grupo de policías se presentó inesperadamente y procedió a una nueva y rigurosa inspección. Convencido de que mi escondrijo era impenetrable, no sentí la más leve inquietud. Los oficiales me pidieron que los acompañara en su examen. No dejaron hueco ni rincón sin revisar. Al final, por tercera o cuarta vez, bajaron al sótano. Los seguí sin que me temblara un solo músculo. Mi corazón latía tranquilamente, como el de aquel que duerme en la inocencia. Me paseé de un lado al otro del sótano. Había cruzado los brazos sobre el pecho y andaba tranquilamente de aquí para allá. Los policías estaban completamente satisfechos y se disponían a marcharse. La alegría de mi corazón era demasiado grande para reprimirla. Ardía en deseos de decirles, por lo menos, una palabra como prueba de triunfo y confirmar doblemente mi inocencia.-Caballeros -dije, por fin, cuando el grupo subía la escalera-, me alegro mucho de haber disipado sus sospechas. Les deseo felicidad y un poco más de cortesía. Dicho sea de paso, caballeros, esta casa está muy bien construida... (En mi frenético deseo de decir alguna cosa con naturalidad, casi no me daba cuenta de mis palabras). Repito que es una casa de excelente construcción. Estas paredes... ¿ya se marchan ustedes, caballeros?... tienen una gran solidez.Y entonces, arrastrado por mis propias bravatas, golpeé fuertemente con el bastón que llevaba en la mano sobre la pared del enladrillado tras de la cual se hallaba el cadáver de la esposa de mi corazón.¡Que Dios me proteja y me libre de las garras del archidemonio! Apenas había cesado el eco de mis golpes cuando una voz respondió desde dentro de la tumba. Un quejido, sordo y entrecortado al comienzo, semejante al sollozar de un niño, que luego creció rápidamente hasta convertirse en un largo, agudo y continuo alarido, anormal, como inhumano, un aullido, un clamor de lamentación, mitad de horror, mitad de triunfo, como sólo puede haber brotado en el infierno de la garganta de los condenados en su agonía y de los demonios exultantes en la condenación.Hablar de lo que pensé en ese momento sería locura. Presa de vértigo, fui tambaleándome hasta la pared opuesta. Por un instante el grupo de hombres en la escalera quedó paralizado por el terror. Luego, una docena de robustos brazos atacaron la pared, que cayó de una pieza. El cadáver, ya muy corrompido y manchado de sangre coagulada, apareció de pie ante los ojos de los espectadores. Sobre su cabeza, con la roja boca abierta y el único ojo como de fuego, estaba agazapada la horrible bestia cuya astucia me había inducido al asesinato y cuya voz delatadora me entregaba al verdugo. ¡Había emparedado al monstruo en la tumba!
Allan Poe nació en Boston, Estados Unidos,
19 de enero de 1809 y falleció en Baltimore, Estados Unidos el 7 de octubre de
1849. Fue un escritor, poeta, crítico y periodista romántico estadounidense,
generalmente reconocido como uno de los maestros universales del relato corto,
del cual fue uno de los primeros practicantes en su país. Fue renovador de la
novela gótica, recordado especialmente por sus cuentos de terror. Considerado
el inventor del relato detectivesco, contribuyó asimismo con varias obras al
género emergente de la ciencia-ficción. Por otra parte, fue el primer escritor
estadounidense de renombre que intentó hacer de la escritura su modus vivendi,
lo que tuvo para él lamentables consecuencias.Fue bautizado como Edgar Poe en Boston, Massachusetts, y sus padres murieron cuando era niño. Fue recogido por un matrimonio adinerado de Richmond, Virginia, Frances y John Allan, aunque nunca fue adoptado oficialmente. Pasó un curso académico en la Universidad de Virginia y posteriormente se enroló, también por breve tiempo, en el ejército. Sus relaciones con los Allan se rompieron en esa época, debido a las continuas desavenencias con su padrastro, quien a menudo desoyó sus peticiones de ayuda y acabó desheredándolo. Su carrera literaria se inició con un libro de poemas, Tamerlane and Other Poems (1827).
sábado, 3 de noviembre de 2012
viernes, 2 de noviembre de 2012
HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO (audio)
En Inglaterra surgió la
Revolución Industrial durante el final siglo XVIII y principio del XIX. Los
avances trajeron consigo quejas. Los motivos eran evidentes. La falta de leyes
que regularan la labor de los trabajadores permitió que los nuevos empresarios
cometieran todo tipo de abusos.
jueves, 1 de noviembre de 2012
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